miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Infierno.


En 2010, cuando nos encontrábamos festejando el bicentenario de nuestra independencia (¿?), salió un filme de nuestro buenísimo “nuevo” cine mexicano. El Infierno.

Según los publicistas, es la tercera y última parte de una trilogía allá iniciada a finales de los noventas, creo. No recuerdo bien el discurso mercadológico. Mal chavos.

Regresando al tema principal, no vi la película en esos festivos días por que me dio asco la idolatría que le hacían a cierto personaje (El Cochiloco). Eso lo llegué a escuchar en la media y en el pueblo. Ese persobaje fue el clásico malo hijoputa que cae bien y que a final de cuenta, lo hacen ver como un buen elemento.

Ante mi negativa de dos años y ante el inminente fin del mundo, decidí ver dicho filme. La trama es simple, una persona llega de E.U.A. un chingomadral de años después, descubre que han asesinado a su hermano por ser narco y que todo el pueblito se dedica a ese negocio. Sexo, groserías, albures y chistesillos caracterizan al cine mexicano, esta no es la excepción, razón por la cual le quita el drama y tema principal.

El mexicano promedio es perfectamente fotografiado en cinco aspectos: inculto, borracho, irresponsable (culpando de sus males a un tercero, ej. gringos), ultraconservador (persignado, doble moral) y soberbio (se siente chingón sin serlo).

Con ello, lo único que observé fue mierda política, social y mental. Estos dos últimos son los factores principales de la ecuación. La historia te va llevando a que pienses que todos son víctimas imbéciles y dóciles que no piensan. Víctimas del capitalismo inmoral. Solo te hace reafirmar el clásico “como chingar sin ser chingado”.

¿Dónde estás Octavio Paz?

¿En verdad es inutil el esfuerzo de cambiar una mentalidad cuando está tan arraigada una cultura? ¿Qué hacer?

En fin, El Infierno, en vez de ser una película que te haga pensar él como salir del hoyo, provoca que te rías, acostumbres y toleres la actual situación del país, orillándonos al clásico: ¿Para que pensar en ello sí “no me afecta” y no lo puedo cambiar?

¿Cómo luchar contra quien me encañona, amenaza y tiene el poder? Mejor me preocupo por conseguir vaselina para que siga resbalando doblada.

Esa debió ser el tema de discusión en el bicentenario, no los chistes del cochiloco...




RK.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Polvitos mágicos.

¿Cuánto de esto nos habrá caído? ¿Cuánto respiramos?



Lluvia amarilla nos cayó ayer (literal), en mayor o menor grado, después de medio día, proveniente Cuautitlán Izcalli debido a una serie de explosiones de la distribuidora de químicos “Diquimex”.

Al momento, sin reporte oficial de las causas del siniestro, se informa que solo hay lesionados, intoxicados (8) y bodegas afectadas (4).

Y a todo esto, ¿A nosotros que? Gente sin empleo, servicios básicos suspendidos, daños materiales. Eso pudo haberse evitado.

No quiero aventurarme sin embargo creo la corrupción y la negligencia estuvieron presentes. Manejar químicos es mandatorio bajo supervisión y permiso de gobierno municipal y federal. La empresa tenía capacidad de almacenaje de 930mil litros en un terreno de 1100 metros cuadrados.

Ese tipo de accidentes se pueden prevenir, excepto cuando se da una lana para obtener los permisos de manera ilegal.

-“¿Y eso a mi que?”
-“Es algo que no puedo controlar o cambiar”
-“No me afecta”

Si alguna de las anteriores preguntas pasaron por la mente, nada más cuestiono: ¿Cuanto de esos químicos inhalamos de manera directa ó indirecta? No creo que una nube de 2km de altura sea poca cosa.

Aunque nos consideremos entes independientes, vivimos dentro de un sistema donde generamos repercusiones a menor o mayor grado. Sin esta perspectiva, no tendremos la capacidad de respuesta adecuada para “eso” que tarde o temprano terminará afectándonos...

Solo una reflexión...

R.K.